Esta semana breve ha bajado el ritmo de trabajo, porque está congelados los cambios por navidad. Es más creo que incluso nos han congelado los correctivos urgentes, además creo que los usuarios están muy perros para abrir incidencias y que hacen menos consultas en las herramientas, con lo cual cascan menos que de costumbre.
Por otra parte la nueva herramienta unificada que usamos para atender las incidencias no funciona del todo bien. Ahora que ya me he enterado como se utiliza no es tan dificil, aunque hay cosas que aún no se hacer, como empaquetar (o asociar) varios boletines distintos en los que se recoge una incidencia para documentarlos simultáneamente y darles el carpetazo a todos a la vez una vez arreglada.
Además la herramienta se cuelga con bastante frecuencia. En fin, lo que siempre pasa con las implantaciones nuevas que están probadas con pocos usuarios y se le meten cientos o miles de golpe.
En otro orden de cosas el lunes recibí tres postales. Es la primera vez que recibo tantas el mismo día, alguna vez he recibido dos, pero no tres.
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El martes aproveché la festividad para ir con un amigo a la nave de motores de Metro de Madrid, donde se puede ver gratuitamente los tres enormes generadores diesel que se utilizaban para abastecer al ferrocarril suburbano madrileño en periodos de escasez energética y que durante la guerra cívil abasteció incluso a la propia ciudad de energía eléctrica.
Recomiendo la visita porque es muy entretenida.
El martes por la tarde me calcé de nuevo los patines después de casi dos semanas y fui a patinar al Retiro, pero no me encontré a nadie conocido.
Regresé a casa patinando por Santa María de la Cabeza porque por Acacias estaría impracticable por el partido en el Vicente Calderón. El puente de Praga sigue sin iluminación, así que la próxima vez que lo cruce tendrá que ser con un faro, aunque sea a pie, ya que además no está tan bien pavimentado, es decir, está pavimentado de pena, y me refiero al pavimento nuevo.
Ayer aproveche la coyuntura para ir a comprar unos guantes, y ya me fui con el kit completo, formado por una chaqueta amarilla fosforito reflectante que combinará estupendamente con las mallas negras que estrené el martes. Con las mismas compré un faro frontal para las rutas nocturnas, pero no hay manera de engancharlo en el casco, con lo que recurriré a la socorrida cinta de celo.
Este año Santa Clavos no se ha portado bien y me regala una clavada tasa de basuras para pagar la cabezonada del alcalde el aumento del coste del servicio y una subida de alquiler, cosa que se ha retrasado un año, así que aunque no me guste pagar más dinero como no había subido nada en los últimos años pues en cierto modo ya había ahorrado dinero en eso los últimos años.
Cómo el presupuesto de sus monárquicas majestades mágicas no está para dispendios me quedo sin patines de maratón, por lo que adquirí ayer unas ruedas de 84mm y unos rodamientos nuevos.
Esta tarde iré a entrenar y de paso veo como se patina con unas ruedas 4 milímetros mayores. Me he perdido los últimos tres entrenamientos y tengo mono. Después tendré que darme prisa para llegar a tiempo a una cena de Navidad con los compañeros del trabajo, aunque sabiendo como es la cosa igual la anulamos en el último segundo y la hacemos en febrero.
En cualquier caso no sé mañana como irá la cosa en el trabajo, puesto que dos de los compañeros se toman el día libre, dos vienen en turno de tarde y los demás se quedarán pipeteando algo por ahí, por lo que o vendrán de empalmada o habrán dormido poco. Aunque me marche pronto de la cena entre que llego a casa y esas cosas seguro que no duermo nada. El único que estará de servicio es el que no viene a la cena y no es por voluntad propia sino por otros problemas.
Es más, aunque regrese a casa después de la cena dormiré poco y mal.
En cualquier caso la expresión “más peligroso que un grupo de técnicos de sistemas de resaca navideña” no la he inventado yo, Chernobyl es testigo de ello.
¡Feliz economía navideña! y no os empachéis con las cenas.

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