Saludos, ¿me habéis echado de menos por aquí? ¿No? Pues nada, yo lo cuento igual.
El jueves pasado a la salida del trabajo aproveché que tenía dos invitaciones para visitar la feria de arte contemporáneo ARCO. Las dos entradas las he conseguido vía bloguzz gracias ña promoción que están haciendo del Nissan Cube, que se supone que es el coche oficial de la feria. Digo que se supone porque no lo vi en la entrada ni en ningún otro sitio y para ver como el el coche he tenido que buscarlo en la página oficial del fabricante para hacerme una idea de como es.
La feria en si misma es bastante oscura, con las paredes de los stands blancas para que destaquen las pinturas, grabados y esas cosas. La verdad es que no había nada que me llamara especialmente la atención, excepto un estudio sobre el color rojo que había sido vendido por la friolera de 22.000€ y cuyo único mérito es ser de los años 40. Que nadie me pregunte que tienen los años 40 de contemporáneos porque para mi es como si fuera historia antigua. (Bueno, antigua no, pero desde luego no es actual ni contemporánea).
En cuanto al público asistente había varias clases de personas, aunque primaban los pijo-repelentes que van de entendidos en arte y que se dedican a comprarlo como quien va a la charcutería a comprar cuarto y mitad de chopped y que utilizan adjetivos sintagmas nominales rimbombantes como “estilo deconstructivo” y chorradas por el estilo.
Otro de los sectores del público estaba formado por artistas desesperados en vender una obra y el tercer gran sector éramos los empanados fuera de lugar como el amigo al que llevé y yo mismo, que vagabundeábamos por allí sin rumbo fijo.
He hecho varias fotos pero ahora no puedo sacarlas del móvil.
Aunque ha sido una buena parte de pasar dos horas por la tarde no ha merecido del todo la pena. Bueno, si que lo ha merecido. No hubiera merecido la pena si hubiera tenido que pagar la entrada, puesto que me hubiera sentido estafado, claro que la culpa hubiera sido mía por pensar que iba a un museo en lugar de a otro lugar que no lo es.
Las deficiencias más importantes con las que cuenta este evento es que el recinto ferial no es un lugar preparado para ello. Simple y llanamente. La iluminación es paupérrima, y eso pasa en todos los eventos de Ifema, no sólo en ARCO. Los cuadros que estaban tras un vidrio eran simplemente invisibles, puesto que daba todo el reflejo.
La otra gran deficiencia es que quienes exponen son galeristas que lo que quieren es vender, por lo que el interés artístico de las obras es bastante limitado, incluso para un estudiante de historia del arte o de diseño, que pueden ir a otros sitios mucho más interesantes, como las propias galerías especializadas en los estilos que les interesan en lugar de ver sólo unas pocas obras seleccionadas de cada galería.
En fin, algo repetible el año que viene si sigo trabajando cerca (no pienso cruzar la ciudad para este despropósito) y menos pudiendo quedarme cerca en el parque Juan Carlos I volando la cometa. Al menos las esculturas que hay en dicho parque me transmiten alguna idea, puedo moverme alrededor de ellas, y no tengo que ver como el galerista de turno intenta encasquetársela a alguien.
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